Bienvenidos y bienvenidas a las posibilidades supremas.
Ésta es mi bitácora irresponsable.

sábado, 5 de febrero de 2011

"La línea recta es una mera abstracción de la mente y, como el punto matemático, otra quimera, sólo existe para los geómetras. En las profundidades de los cielos, el sol, los satélites, los cometas, se arremolinan en corros inmensos; sobre nuestra bola planetaria, llevada como todas las demás en una espiral de elipses infinitas, los huracanes, las trombas, los vientos, los menores soplos de la atmósfera se propagan en forma de remolinos; las aguas del mar se pliegan y despliegan en olas redondeadas; todas las formas orgánicas, animales y plantas, ofrecen en sus células y vasos nada más que superficies curvas y sinuosas..."
Élisée Reclus - "Historia de un Arroyo" (1869)


"...El mundo tiene la forma de un huevo muy grande, puesto con la punta hacia arriba. Dentro de este huevo están las nueve tierras . Son como grandes platos redondos, el uno puesto sobre el otro. Nosotros vivimos en la tierra del medio... ...Este huevo grande que es el universo, es muy pesado. Está puesto sobre dos largas vigas y cuatro hombres lo sostienen, dos parados en el Oeste y dos en el Este. Los del Este son Sintána y Namsíku y los del Oeste son Nándu e Ibáuí. Cada uno tiene sobre un hombro un extremo de la viga. Debajo del mundo hay agua. A flor de agua, flotando en la superficie, hay una piedra muy grande, plana y bella. Sobre esa piedra está sentada la Madre Universal, (Haba Gaulchováng)... está desnuda. Ella da comida a los cuatro hombres y les da agua y los cuida. Les soba los brazos, los hombros y las espaldas para que no se cansen. Cuidar de esos cuatro hombres para que no se cansen de sostener la tierra, es todo lo que hace la Madre. De vez en cuando uno de los cuatro cambia la viga de un hombro al otro. Entonces la tierra tiembla. Por eso es malo brincar, tirar piedras, hacer rodar rocas en el monte o gritar duro. Por eso es malo que las mujeres se muevan durante el coito. El mundo temblaría y podría caerse de los hombros de los cuatro que lo sostienen..." 
Kogi de la sierra Nevada de Santa Marta 
(Reichel-Dolmatoff, 1985:T.I, 225)


En la luna. Jaime Jaramillo Escobar



Suelen decirme –a manera de crítica– que vivo en la Luna.
¿Les he dicho yo –a manera de crítica– que viven en Tierra?
Cada uno tiene que vivir en algún astro, a no ser que él mismo sea un asteroide.
Si ustedes viven en la Tierra y yo vivo en la Luna, quiere decir que somos vecinos.
Vecinos míos: vuestra Tierra se ve amenazadora allá en lo alto. ¿Qué nueva guerra estáis tramando?
Prestadme una ramita de culantro para adornar mi sopa. Comeré a vuestro nombre pero a mi buen provecho.

“FELICITACIONES FELIZ CUMPLEAÑOS STOP RECUERDA CUANTO TE GUSTABA EL CULANTRO CUANDO ESTABAS EN CASA STOP ENRIQUE Y YO TE ECHAMOS MUCHO DE MENOS STOP BENDIGOTE AMALIA
Aquí en la Luna se vive supremamente bien. Os veo rodar a mi alrededor en esa bola de tierra que va dando tumbos por el universo sin sentido y sin seso.
Y yo estoy aquí confortablemente iluminado meciéndome en el espacio sideral como en una hamaca de oro,
Vuestra pobre Tierra trastabillando en el infinito y pidiendo limosna entre los astros.
El Señor Jehová viene a hacerme la visita en la Luna nueva,
Y se queda toda la tarde aspirando el incienso que le ofrezco en un potecito,
Porque desde que se jubiló quedó eternamente enviciado con el humo del incienso.
Las conversaciones del Señor Jehová exceden todo límite de hermosura,
Y luego se despide majestuosa y cortésmente, porque tiene la piel tan delicada que no puede dormir sobre el esponjoso polvillo de la Luna.
El Señor Jehová me trajo un pastel de chocolate que quién sabe de dónde lo tomaría.
Debió haber sido de la Casa Blanca, porque estaba adornado con el signo U$A.
¡El Señor Jehová hace unas cosas!
Aquí en mi Luna me paso los días cantando,
Los felices días del Universo en el coro de las estrellas.
El Señor Jehová no me cobra el arrendamiento ni me manda la factura de la luz.
Me dice que está muy disgustado con los que venden el agua, el aire y la luz en esa Tierra desgraciada –y la señala repetidamente con el dedo.
Si yo no me hubiera venido a vivir en la Luna ya me habría muerto en vuestra Tierra inhóspita y cicatera,
A la que el Señor Jehová le tiene tanta lástima como a un hijo deforme.
Yo no le pregunto nada al Señor Jehová porque Él se maravillaría de que le preguntase algo.
El Señor Jehová, amablemente, me anuncia su visita con tres días de anticipación,
Y yo salgo a recibirlo radiante y alborozado.
Cuando lo veo venir, parecido a Walt Whitman, le lanzo gritos jubilosos para que sepa que lo espero con gusto,
Y cuando llega y me abraza me siento tan contento como un cohete que estalla.
Le he quitado a la Luna las banderillas que le clavaron rusos y norteamericanos,
Y le he puesto un poco de tintura de yodo en las heridas, para que cicatrice.
La Luna es un torito virgen que muge por el cielo; el hocico le huele a leche de nube.
Yo no voy a permitir que los gringos y los rusos me lo toreen.
La Tierra lleva a la Luna de la mano a dar un paseo por el Universo, la Luna que es su hija pequeñita.
La Tierra le da de mamar a la Luna, el seno cubierto con sus chales de nubes.
Como dicen que la Luna anda desnuda, yo le pido a mi mujer que se enlune, que se alune, que se deslune, que me enlunice.
Lo que más falta me hace en la Luna son las noches de Luna,
Cuando la Luna perfuma las noches de la Tierra.
La Tierra que adivina el porvenir en la bola de la Luna.
La Tierra que se mira en el espejo de la Luna.
La Luna recubierta con espato de Islandia.
Vecinos míos: el hijo de la Tierra en la Luna se marea,
La Luna se tambalea, se bambolea, se menea.
Yo no puedo sentirme como en mi casa en esta Luna.
Si no mandáis por mí, me arrojaré de cabeza.





No te escondas Carolina. Macaferri y asociados

Alheña y azúmbar. Jaime Jaramillo Escobar



¡Ya no más –por favor– las aburridas descripciones de semillas tropicales!
Gabriel Jaime Franco
La digestión de la pulpa del coco demora cuarenta días y cuarenta noches.
Ni mucho, ni poco.Al plátano hartón de cáscara roja le falta un grado para ser veneno. Compadre, no coma coco. Si se ha comido banano y se toma ron, muerte segura. Nadie comió. Ni yo tampoco. La pepita de la pitahaya si la comes no la muerdas, si la muerdes no la tragues; si la tragas, allá tú.
La pepita de la granadilla si la tragas se te embucha. Para que no se te embuche, mejor que no comas mucha.
La pepita de la granada no es como la de la granadilla. La pepita de la guayaba no es como la de la granada. Y la pepita de la papaya no es como la de la guayaba. Es como la de la papayuela, pero más dulce.
Si es más dulce es más sabrosa, si es más sabrosa es más cara. Para que no sea más cara no compre papaya ni compre nada.
La pepita de la guanábana es como la de la chirimoya. Y ambas son como la de la calabaza. Cuando a uno le dan calabazas no le dan chirimoya ni le dan papaya.
Las pepitas de la guama se usan para hacer zarcillos, quiero decir que se utilizan como pendientes, o mejor dicho lo que quiero decir es que los chicos se las cuelgan de las orejas.
Trae el corozo una nuez, trae la nuez una almendra, pero la almendra de la nuez no es como la nuez del corozo. Si no se entiende que no se entienda.
La ciruela se lava, pero no se pela; el madroño se pela, pero no se lava. Para saber si una fruta se lava o se pela hay que consultar el diccionario. El diccionario tiene la palabra. Pero si no la tiene será que le falta una página.
La pulpa de la algarroba se ataruga y se atraganta. Si tomas agua se forma una pasta y se te pega en la garganta. Con la garganta atragantada tratas de ver si resuellas o si no resuellas nada. Si no resuellas mortus est.
El hicaco es una fruta especial para diabéticos: no tiene azúcar, ni tiene harina, ni tiene hicaco ni nada.
El que come patilla oxidada seguro estira la pata. Para no correr el riesgo es mejor comer sandía. La sandía es una fruta sandia.
El tamarindo es la fruta que más me gusta porque es de negros y de tierra caliente. Qué sería de los blancos cuando van a tierra caliente si los negros no les sirvieran refrescos de tamarindo. Con el sabor áspero del tamarindo se forman bolas ácidas recubiertas de azúcar que sirven para vender en las calles de Cartagena, y se hace una miel espesa de tamarindo para lamer sobre hojas de plátano. También se hacen sorbetes para el arzobispo, y además el árbol de tamarindo produce una sombra verde y fresca para construir un banquito y sentarse alrededor del tronco. El tamarindo es un tronco de árbol copudo completamente lleno de tamarindos. Sólo los negros lo pueden coger porque no es fruta de blancos. Si los blancos tuvieran tamarindo entonces los negros serían blancos. Pero no puede ser.
Hay muchas frutas que son de negros. Dios les dio a los negros la tierra caliente y las frutas porque Dios tiene predilección por los negros, eso es evidente. A los blancos los puso en tierras frías para que se resfríen, pero ellos inventaron la aspirina y las cobijas de lana. El níspero y el mamey son frutas de negros. Y el zapote también. Pero lo que pasa es que a los blancos siempre les ha gustado comerse la comida de los negros. Y la música de los negros. Y los bailes de los negros. Y las negras de los negros.

Sigamos: mi negra se emperejila, se emperespeja, se aliña,
Con alhucema y albahaca, con cidrón y toronjil,
Con lavanda, con canela, con loción y con anís.
Mi negra tiene un meneo que no cabe por la calle,
Mueve el tacón y la punta del zapato y ese baile
Derrama tantas fragancias que no caben en el aire.
Mi negra es alta y esbelta, muy lucida y bien plantada,
Su cuello es tan largo que anda su cabeza por el aire.
El donaire de mi negra no cabe en ninguna parte.
Mi negra tiene ojos blancos, dientes blancos, calzones blancos,
Calzones en diminutivo, calzoncitos, prendas íntimas…
Yo no sé qué tienen de íntimas si las anda mostrando por todos lados.
Cuando mi negra se desnuda queda completamente desnuda,
No como las blancas que aunque se desnuden siempre tienen algo que las cubre, aunque sea un concepto. Mi negra no tiene conceptos, ella nació y se crió desnuda, y por lo tanto no se puede vestir completamente porque mientras más se viste más desnuda queda.
Mi negra se aceita el codo, se pule el pelo, acicala,
Se emperimbomba, se tiñe, se sahúma, se apercala,
Se va de rumba y regresa cuando está la noche alta.
Yo no sufro por mi negra. ¡Cómo me alegra mirarla!
Mi negra camina en versos de cuatro o cinco tonadas,
Su habla es un canto largo, con las palabras cortadas.
Mi negra es dulce por fuera. Por dentro yo no sé nada.
Por dentro mi negra tiene alguna cosa guardada.

Agüita de manzanilla,
Tisana de ron y eneldo,
La raíz del limoncillo
Y un manojito de espliego.
El aire huele a linaza
Con astillas de canela.
Con alheña y con azúmbar
Viene pintada mi negra.
Pintada no es la palabra,
Viene más azul que negra,
Como esculpida en el aire
Durísimo de la piedra!


sábado, 22 de enero de 2011

If the stars were mine Melody Gardot




If the stars were mine
I'd give them all to you
I'd pluck them down right from the sky
and leave it only blue
I would never let the sun forget to shine upon your face
so when others would have rain clouds you'd have only sunny days
If the stars were mine
I'd tell you what I'd do
I'd put the stars right in a jar and give them all to you

If the birds were mine
I'd tell them when to sing
I'd make them sing a sonnet when your telephone would ring
I would put them there inside the square, whenever you went out
so there'd always be sweet music whenever you would walk about
If the birds were mine
I'd tell you what I'd do
I'd teach the birds such lovely words and make them sing for you
I'd teach the birds such lovely words and make them sing for you

If the world was mine
I'd paint it gold and green
I'd make the oceans orange for a brilliant color scheme
I would color all the mountains, make the sky forever blue
So the world would be a painting and I'd live inside with you
If the world was mine
I'd tell you what I'd do
I'd wrap the world in ribbons and then give it all to you
I'd teach the birds such lovely words and make them sing for you
I'd put those stars right in a jar...and..........
give them all...to you.......

Maria Elena Walsh ¿Diablo estás?





Del Disco "Juguemos en el mundo"

DIABLO ESTÁS ?

María Elena Walsh

Juguemos en el mundo
mientras el Diablo no está.
Diablo, ¿estás?

Me estoy poniendo la cartuchera
y la casaca militar,
y con mi música de metralla
a todos quiero ver bailar.

Me estoy poniendo los guantes blancos
y el levitón ministerial,
y ya me voy a firmar decretos
para que todo siga igual.

Me estoy poniendo la capelina
y un delantal de caridad.
Primero invento pobres y enfermos,
después regalo el hospital.

Estoy poniéndome los anteojos
y no termino de contar
monedas de oro, billetes nuevos,
cheques que nadie cobrará.

Me estoy vistiendo de funebrero
con una flor en el ojal
para ir a ver la pornografía
que es mi menor debilidad.

Estoy poniéndome la armadura
para el congreso de la paz:
el que primero tire la bomba
junto conmigo reinará.

Juguemos en el mundo
mientras el Diablo no está.
Sus obras y sus pompas
quién no las festejará.

viernes, 21 de enero de 2011

Por Gonzalo Arango

Carta a Neal Cassady

Querido Neal Cassady:
Colega en el vicio y en el genio: Nosotros también somos beat, pero nos llamamos nadaístas. No te preocupes, la vida es toda entera ella misma, y la felicidad es uno mismo.
La marihuana es para ti como la política para Eisenhower. Y si el presidente de tu patria puede hacer política que es su felicidad, ¿por qué tú no puedes fumar marihuana que es la tuya?
Aquí en este inmundo país latinoamericano que se llama Colombia no nos interesa nada, sino nuestra vida. ¿Sabes por qué somos las únicas personas felices en Colombia? Porque no creemos en nada, ni siquiera en nosotros. Creemos que el artista no tiene lugar en la sociedad, es un desplazado. Y si uno es un desplazado, ¿por qué la sociedad tiene que meterse con uno? Para nosotros no se hizo la moral, ni la ley, ni los derechos humanos. Para nosotros existe nuestra libertad irresponsable como una bella pasión inútil que nos sirve para no creer en lo que todo el mundo cree. Por eso también estamos solos en esta prisión custodiada por moralistas y maniqueos.
Neal: estamos totalmente en la oposición acerca de tu condena. Protestamos contra el monopolio de la virtud yankee que te tiene confinado en los altos muros de San Quintín como un chivo expiatorio para conjurarte el arrepentimiento. Nosotros acusamos al Estado norteamericano porque está atentando contra la felicidad de un hombre y contra su genio. En la misma forma, no pueden condenarte si a causa de tu desesperación eliges el suicidio y prefieres el gas a un cuchillo oxidado. Suprimir el dolor y el sufrimiento no es un delito. Todo hombre, Neal Cassady, cuando es un genio como nosotros, está por encima del bien y el mal, y cuando desobedece las leyes, el Estado no debe condenarlo, sino ofrecerle una pensión vitalicia para estimular sus oscuras inclinaciones al mal.
Porque es bueno declarar que nosotros nos salvamos en la medida en que nos hacemos dignos del infierno: nos aterran los conformistas y aniquilantes cielos burgueses. Si los estupefacientes te hacen feliz y te condenan por eso, ¿por qué no encarcelan a Eisenhower cuando hace el amor con su mujer? Porque para nosotros el amor es una droga heroica, la más nociva de todas, pues pone al genio creador del artista bajo la servidumbre reproductora de la mujer. El sexo es un atentado contra la inteligencia. Y actúa en ella como un catalizador de las energías geniales. También deben encarcelar a Faulkner, a Hemingway y a los demás sicópatas de la literatura que están huyendo de la realidad en las ficciones del arte que es, en este siglo del time is money, el más corrupto vicio onanista del espíritu moderno. Que cada político se coma el excremento de su felicidad... Que cada estadista se coma la putrefacción de sus fórmulas... Que cada legista sufra la sífilis de sus códigos venéreos... Que cada ciudadano pague sus impuestos... Tú y nosotros estamos salvados: la vida no tiene porvenir. No nos tenemos sino a nosotros mismos. Cada uno tiene derecho a buscar su felicidad, cada uno tiene derecho a buscarse a sí mismo. Cada uno es libre. Cada uno vive... Todos vamos a morir el día menos pensado, y ese día no está señalado en el Código Penal, ni en la Declaración de los Derechos del Hombre. La misma libertad que nos rodea nos concede el derecho de elegir nuestra vida.
Si alguno escoge ser presidente, se le permite. Si alguno escoge ser pederasta, se le permite. Si alguno escoge ser carbonero, se le permite. Y si exige ser cura, también se le permite. Y si alguno escoge ser artista —porque se nace artista como se nace con ombligo—, ¿por qué no se le permite? ¿Por qué no se le permite hacer nada? ¿Por qué no se le permite recitar poemas al son del jazz y del merecumbé? ¿Por qué no se le permite infusionarse una dosis de yerba mágica? Con base en nuestra experiencia personal, podemos asegurar que la marihuana estimula el gran poder místico en el hombre. Lo eleva a la máxima altura, que él se siente, por su influencia, el más grande entre los mortales.
A esta experiencia mística que podemos llamar elevación del ser a la más alta cima de su esencia, no se podrá llegar en helicóptero, ni en cohetes, ni siquiera subiendo el ascensor al último piso del Empire State, debido a que esta energía no es atómica, sino una extraña potencia creadora que la marihuana multiplica en las profundidades misteriosas del espíritu. Entonces, ¿por qué no se le permite a Neal Cassady un toque de marihuana para buscar su felicidad, así como los demás buscan su felicidad a través de Dios?
Neal: ¡¡¡Dios es tu marihuana!!!
Por todo esto, los nadaístas exigimos en nombre del vicio y del arte que Neal sea puesto en libertad para que pueda retornar a Dios y a su felicidad.
LOS NADAÍSTAS
P.D: Te enviamos un cuadro nadaísta llamado Colombia, de Humberto Navarro, para que adornes tu celda, y un pitillo de “mary jane”.


Fotografía Gustavo Wilches Chaux

domingo, 2 de enero de 2011

Aleida del día

La firma de Manuel Quintín Lame





Territorio del pueblo Ancestral de Polindara,
Cabildo Mayor Ancestral de Polindara,
Institución Educativa Plindara
Realización del Artista Conceptual, Antonio Caro en Abril del 2010.
Casa Museo Mosquera. Popayán, Colombia
enlace: http://www.youtube.com/watch?v=qai54aNLiKc&feature=related

lunes, 15 de noviembre de 2010

Sobre verdad y mentira en el sentido extramoral. F. Nietzsche

Este texto de Nietzsche fue escrito en 1873.
Clik aqui para leer el texto completo
http://www.lacavernadeplaton.com/articulosbis/verdadymentira.htm

Los cuarenta de antropología Unicauca

Programación Cultural Noviembre y Diciembre 2010










Para conmemorar los 40 años de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales y el Departamento de Antropología, se han programado varias actividades culturales, eventos académicos y espacios para debatir, compartir y recordar.





Noviembre 29 al 01 de Diciembre de 2010


LA INVESTIGACIÓN ANTROPOLÓGICA EN EL SUROCCIDENTE
COLOMBIANO
Lugar: Facultad de Ciencias Humanas y Sociales
Hora: 8:00 a.m - 6:00 p.m
Organiza: Facultad de Ciencias Humanas y Sociales




Se presentará una exposición de los grupos de Investigación con los que cuenta el departamento de Antropología en el presente, al igual que sus publicaciones, trabajos y demás experiencias.



Noviembre 29 al 10 de Diciembre de 2010




EXPOSICIÓN FOTOGRÁFICA:


ANTROPOLOGÍA EN POPAYÁN A TRAVÉS DE SU HISTORIA


Lugar: Casa Caldas
Hora: 8:00 a.m - 6:00 p.m
Organiza: Facultad de Ciencias Humanas y Sociales



Se trata de una exposición de las fotografías de Andrew Hunter Whiteford, célebre personaje escritor del libro: Popayán Y Querétaroen 1963. Whiterford hizo trabajo de campo en Popayán y realizó una comparación de sus clases sociales con la ciudad de Querétaro, la publicación de su texto hace parte de la serie "Monografías Latinoamericanas" de la Universidad Nacional de Colombia.
Diciembre 2 de 2010
MUESTRA PRIMER CONCURSO DE FOTOGRAFIA Y DOCUMENTAL
ANTROPOLOGICO:
 “ZIN[EX]TECIAS, LENGUAZOPA-DIMAGENEX”
Lugar: Facultad de Ciencias Humanas y Sociales
Hora: 9:00 a.m
Organiza: Facultad de Ciencias Humanas y Sociales
Convocatoria a los estudiantes de Antropología de la Universidad del Cauca para presentar trabajos audiovisuales y fotográficos antes del 25 de noviembre del año en curso. 
Ver bases del concurso
Diciembre 2 de 2010
MUESTRA PRIMER CONCURSO DE FOTOGRAFIA Y DOCUMENTAL
ANTROPOLOGICO “ZIN[EX]TECIAS, LENGUAZOPA-DIMAGENEX”
Lugar: Facultad de Ciencias Humanas y Sociales
Hora: 9:00 a.m
Organiza: Facultad de Ciencias Humanas y Sociales
Diciembre 3 de 2010 SIMPOSIO LANZAMIENTO MAESTRÍA EN ANTROPOLOGÍA:
“EXPERIENCIAS Y DESAFÍOS DE LA ANTROPOLOGÍA COLOMBIANA EN EL SIGLO XXI” Lugar: Salon Fundadores-Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales Hora: 8:00 a.m - 6:00 p.m
Organiza: Facultad de Ciencias Humanas y Sociales
 Programación
8: 15 am Instalación 
8:30 am “Avances en la constitución de una Antropología Nativa en Urabá: el programa regionalizado de Antropología de la Universidad de Antioquia”, profesora Aída Gálvez, Universidad de Antioquia.
9: 30 am “Antropología hecha por mujeres”. Profesor Roberto Pineda Camacho, Universidad Nacional de Colombia
10: 30 am Café
10: 45 am “Apuntes sobre las nuevas dimensiones políticas de la antropología”- Alhena Caicedo, Icesi, Cali 
11:45-12:45 am Preguntas – Discusión: Conversatorio con ponentes. Almuerzo
Segunda Sesión
3:00 pm "Conjeturas más o menos bien informadas", Carlos Alberto Uribe, Universidad de los Andes 
4:00 pm Café 
4:15 pm “Arqueología moderna y otros tiempos”, Cristóbal Gnecco Valencia
5:15 pm Preguntas – Discusión: Conversatorio con ponentes
6: 15 pm Cierre
Diciembre 3 de 2010
I ENCUENTRO EGRESADOS DEPARTAMENTO DE ANTROPOLOGIA
Lugar: Casa Mosquera
Hora: 6:30 pm
Diciembre 3 de 2010 
PREMIACIÓN PRIMER CONCURSO DE FOTOGRAFIA Y DOCUMENTAL ANTROPOLÓGICO “ZIN[EX]TECIAS, LENGUAZOPA-DIMAGENEX” 
Lugar: Casa Mosquera Hora: 6:30 pm
8:00 pm 
ACTIVIDAD DE INTEGRACIÓN UNIVERSIDAD DEL CAUCA– 183 AÑOS.
Lugar: Centro Deportivo Universitario – CDU Tulcán.



Fuente : loscuarentadeantropologia.blogspot.com

jueves, 7 de octubre de 2010

lunes, 27 de septiembre de 2010

Music

Música: melancólico alimento para los que vivimos de amor


Battlestar escralatchita. Incubus


jueves, 16 de septiembre de 2010

El etnógrafo, Jorge Luis Borges

EL ETNOGRAFO


Jorge Luis Borges



El caso me lo refirieron en Texas, pero había acontecido en otro estado. Cuenta con un solo protagonista, salvo que en toda historia los protagonistas son miles, visibles e invisibles, vivos y muertos. Se llamaba, creo, Fred Murdock. Era alto a la manera americana, ni rubio ni moreno, de perfil de hacha, de muy pocas palabras. Nada singular había en él, ni siquiera esa fingida singularidad que es propia de los jóvenes. Naturalmente respetuoso, no descreía de los libros ni de quienes escriben los libros. Era suya esa edad en que el hombre no sabe aún quién es y está listo para entregarse a lo que le propone el azar: la mística del persa o el desconocido origen del húngaro, la aventuras de la guerra o del álgebra, el puritanismo o la orgía. En la universidad le aconsejaron el estudio de las lenguas indígenas. Hay ritos esotéricos que perduran en ciertas tribus del oeste; su profesor, un hombre entrado en años, le propuso que hiciera su habitación en una toldería, que observara los ritos y que descubriera el secreto que los brujos revelan al iniciado. A su vuelta, redactaría una tesis que las autoridades del instituto darían a la imprenta. Murdock aceptó con alacridad. Uno de sus mayores había muerto en las guerras de la frontera; esa antigua discordia de sus estirpes era un vínculo ahora. Previó, sin duda, las dificultades que lo aguardaban; tenía que lograr que los hombres rojos lo aceptaran como a uno de los suyos. Emprendió la larga aventura. Más de dos años habitó en la pradera, bajo toldos de cuero o a la intemperie. Se levantaba antes del alba, se acostaba al anochecer, llegó a soñar en un idioma que no era el de sus padres. Acostumbró su paladar a sabores ásperos, se cubrió con ropas extrañas, olvidó los amigos y la ciudad, llegó a pensar de una manera que su lógica rechazaba. Durante los primeros meses de aprendizaje tomaba notas sigilosas, que rompería después, acaso para no despertar la suspicacia de los otros, acaso porque ya no las precisaba. Al término de un plazo prefijado por ciertos ejercicios, de índole moral y de índole física, el sacerdote le ordenó que fuera recordando sus sueños y que se los confiara al clarear el día. Comprobó que en las noches de luna llena soñaba con bisontes. Confió estos sueños repetidos a su maestro; éste acabó por revelarle su doctrina secreta. Una mañana, sin haberse despedido de nadie, Murdock se fue.

En la ciudad, sintió la nostalgia de aquellas tardes iniciales de la pradera en que había sentido, hace tiempo, la nostalgia de la ciudad. Se encaminó al despacho del profesor y le dijo que sabía el secreto y que había resuelto no publicarlo.



-- ¿Lo ata su juramento? --preguntó el otro.

-- No es ésa mi razón -- dijo Murdock --. En esas lejanías aprendí algo que no puedo decir.

-- ¿Acaso el idioma inglés es insuficiente? -- observaría el otro.

-- Nada de eso, señor. Ahora que poseo el secreto, podría enunciarlo de cien modos distintos y aun contradictorios. No sé muy bien cómo decirle que el secreto es precioso y que ahora la ciencia, nuestra ciencia, me parece una mera frivolidad.

Agregó al cabo de una pausa:

-- El secreto, por lo demás, no vale lo que valen los caminos que me condujeron a él. Esos caminos hay que andarlos.

El profesor le dijo con frialdad:

-- Comunicaré su decisión al Concejo. ¿Usted piensa vivir entre los indios?

Murdock le contestó:

-- No. Tal vez no vuelva a la pradera. Lo que me enseñaron sus hombres vale para cualquier lugar y para cualquier circunstancia.

Tal fue, en esencia, el diálogo.

Fred se casó, se divorció y es ahora uno de los bibliotecarios de Yale.

Ulrica Jorge Luis Borges

Ulrica”, de Jorge Luis Borges


Mi relato será fiel a la realidad o, en todo caso, a mi recuerdo personal de la realidad, lo cual es lo mismo. Los hechos ocurrieron hace muy poco, pero sé que el hábito literario es asimismo el hábito de intercalar rasgos circunstanciales y de acentuar los énfasis. Quiero narrar mi encuentro con Ulrica (no supe su apellido y tal vez no lo sabré nunca) en la ciudad de York. La crónica abarcará una noche y una mañana.
Nada me costaría referir que la vi por primera vez junto a las Cinco Hermanas de York, esos vitrales puros de toda imagen que respetaron los iconoclastas de Cromwell, pero el hecho es que nos conocimos en la salita del Northern Inn, que está del otro lado de las murallas. Éramos pocos y ella estaba de espaldas. Alguien le ofreció una copa y rehusó.

–Soy feminista –dijo–. No quiero remedar a los hombres. Me desagradan su tabaco y su alcohol.

La frase quería ser ingeniosa y adiviné que no era la primera vez que la pronunciaba. Supe después que no era característica de ella, pero lo que decimos no siempre se parece a nosotros.
Refirió que había llegado tarde al museo, pero que la dejaron entrar cuando supieron que era noruega.
Uno de los presentes comentó:

–No es la primera vez que los noruegos entran en York.

–Así es –dijo ella–. Inglaterra fue nuestra y la perdimos, si alguien puede tener algo o algo puede perderse.

Fue entonces cuando la miré. Una línea de William Blake habla de muchachas de suave plata o de furioso oro, pero en Ulrica estaban el oro y la suavidad. Era ligera y alta, de rasgos afilados y de ojos grises. Menos que su rostro me impresionó su aire de tranquilo misterio. Sonreía fácilmente y la sonrisa parecía alejarla. Vestía de negro, lo cual es raro en tierras del Norte, que tratan de alegrar con colores lo apagado del ámbito. Hablaba un inglés nítido y preciso y acentuaba levemente las erres. No soy observador; esas cosas las descubrí poco a poco.
Nos presentaron. Le dije que era profesor en la Universidad de los Andes en Bogotá. Aclaré que era colombiano.

Me preguntó de un modo pensativo:

–¿Qué es ser colombiano?

–No sé –le respondí–. Es un acto de fe.

–Como ser noruega –asintió.
Nada más puedo recordar de lo que se dijo esa noche. Al día siguiente bajé temprano al comedor. Por los cristales vi que había nevado; los páramos se perdían en la mañana. No había nadie más. Ulrica me invitó a su mesa. Me dijo que le gustaba salir a caminar sola.

Recordé una broma de Schopenhauer y contesté:
–A mí también. Podemos salir juntos los dos.
Nos alejamos de la casa, sobre la nieve joven. No había un alma en los campos. Le propuse que fuéramos a Thorgate, que queda río abajo, a unas millas. Sé que ya estaba enamorado de Ulrica; no hubiera deseado a mi lado ninguna otra persona.

Oí de pronto el lejano aullido de un lobo. No he oído nunca aullar a un lobo, pero sé que era un lobo. Ulrica no se inmutó.
Al rato dijo como si pensara en voz alta:
–Las pocas y pobres espadas que vi ayer en York Minster me han conmovido más que las grandes naves del museo de Oslo.
Nuestros caminos se cruzaban. Ulrica, esa tarde, proseguiría el viaje hacia Londres; yo, hacia Edimburgo.

–En Oxford Street –me dijo– repetiré los pasos de De Quincey, que buscaba a su Anna perdida entre las muchedumbres de Londres.

–De Quincey –respondí– dejó de buscarla. Yo, a lo largo del tiempo, sigo buscándola.

–Tal vez –dijo en voz baja– la has encontrado.

Comprendí que una cosa inesperada no me estaba prohibida y le besé la boca y los ojos. Me apartó con suave firmeza y luego declaró:
–Seré tuya en la posada de Thorgate. Te pido mientras tanto, que no me toques. Es mejor que así sea.

Para un hombre célibe entrado en años, el ofrecido amor es un don que ya no se espera. El milagro tiene derecho a imponer condiciones. Pensé en mis mocedades de Popayán y en una muchacha de Texas, clara y esbelta como Ulrica, que me había negado su amor.

No incurrí en el error de preguntarle si me quería. Comprendí que no era el primero y que no sería el último. Esa aventura, acaso la postrera para mí, sería una de tantas para esa resplandeciente y resuelta discípula de Ibsen.

Tomados de la mano seguimos.

–Todo esto es como un sueño –dije– y yo nunca sueño.

–Como aquel rey –replicó Ulrica– que no soñó hasta que un hechicero lo hizo dormir en una pocilga.

Agregó después:

–Oye bien. Un pájaro está por cantar.

Al poco rato oímos el canto.

–En estas tierras –dije–, piensan que quien está por morir prevé lo futuro.

–Y yo estoy por morir –dijo ella.

La miré atónito.

–Cortemos por el bosque –la urgí–. Arribaremos más pronto a Thorgate.

–El bosque es peligroso –replicó.

Seguimos por los páramos.
–Yo querría que este momento durara siempre –murmuré.

–Siempre es una palabra que no está permitida a los hombres –afirmó Ulrica y, para aminorar el énfasis, me pidió que le repitiera mi nombre, que no había oído bien.

–Javier Otárola –le dije.

Quiso repetirlo y no pudo. Yo fracasé, parejamente, con el nombre de Ulrikke.

–Te llamaré Sigurd –declaró con una sonrisa.

–Si soy Sigurd –le repliqué–, tú serás Brynhild.

Había demorado el paso.

–¿Conoces la saga? –le pregunté.

–Por supuesto –me dijo–. La trágica historia que los alemanes echaron a perder con sus tardíos Nibelungos.

No quise discutir y le respondí:

–Brynhild, caminas como si quisieras que entre los dos hubiera una espada en el lecho.

Estábamos de golpe ante la posada. No me sorprendió que se llamara, como la otra, el Northern Inn.
Desde lo alto de la escalinata, Ulrica me gritó:

–¿Oíste al lobo? Ya no quedan lobos en Inglaterra. Apresúrate.

Al subir al piso alto, noté que las paredes estaban empapeladas a la manera de William Morris, de un rojo muy profundo, con entrelazados frutos y pájaros. Ulrica entró primero. El aposento oscuro era bajo, con un techo a dos aguas. El esperado lecho se duplicaba en un vago cristal y la bruñida caoba me recordó el espejo de la Escritura. Ulrica ya se había desvestido. Me llamó por mi verdadero nombre, Javier. Sentí que la nieve arreciaba. Ya no quedaban muebles ni espejos. No había una espada entre los dos. Como la arena se iba el tiempo. Secular en la sombra fluyó el amor y poseí por primera y última vez la imagen de Ulrica.

en El libro de arena, 1975-